Las bicis… por el centro

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Todavía recuerdo con cariño mi ‘BH’. Roja. Plegable. Aunque esto nunca lo entendí por que jamás utilicé esa especie de bisagra que la doblaba por la mitad. Supongo que en su momento sirvió para facilitar su ocultación detrás de una cortina mientras que Papá Noel llegaba a nuestra casa, una moda todavía incipiente en los últimos coletazos de la España franquista. Esa misma mañana de Navidad mi padre nos llevó a mi hermano y a mi a probar las bicis. Primera vuelta con ruedines y tras la toma de contacto, rápidamente el viejo truco del “tranquilo que yo te sujeto”. Menos mal que no me di cuenta del engaño paterno y no acabé de bruces en el suelo por que eso podría haber frustrado mi carrera ciclista.

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