Queridos Reyes Magos: Este año quiero ganar más dinero…

Qué quieren que les diga, no se me ocurre mejor forma de empezar la carta a los magos de Oriente que pidiendo que me ayuden a ganar más dinero. Dicen los expertos que a la hora de elegir regalos debemos decidirnos por aquellos que sepamos que no nos van a cansar a las primeras de cambio. Pues este, ya les aseguro yo a los gurús de la psicología de consumo, que conmigo no va a poder. Que las ganas de sacarle provecho me van a durar todo el año. Además, con 360 días por delante me veo más capaz de continuar adelante con esto que de llevar a buen puerto mis ganas de aprender mandarín.

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Mover las piernas, primer propósito del año

Con la llegada del año nuevo afloran los propósitos con los que enmendar los excesos cometidos en el calendario que ahora se cierra. 365 días, uno más si hablamos del año que nos deja, de abusos que como por arte de magia, como si no hubieran estado ahí durante el resto del año, descubrimos al mirarnos en el espejo cada uno de enero. Una visión que dispara las alarmas y que se traduce en el irrefrenable impulso de apuntarnos al gimnasio. Un acto casi reflejo y que tenía por una leyenda urbana hasta que ayer mismo presencié como un nutrido grupo de personas esperaba en fila, una tras otra, para formalizar su inscripción junto al mostrador del establecimiento de una cadena de gimnasios low cost.

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Dí capacitados

baile

Hace ya algunos días que les expliqué cuanto me cuesta celebrar un día internacional. Que para mi es algo así como lavarnos la conciencia por el poco aprecio que hacemos de las minorías el resto del año. Hoy, Día Internacional de las Personas con Discapacidad no me voy a poner reivindicativo y simplemente voy a pedirles que doten de dignidad a los mil millones de personas que se encuentran englobados en este colectivo en todo el mundo.

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En días como hoy

lluvia

En días como hoy se me viene a la cabeza Pérez Rubalcaba. Y no por lo gris del momento, que también, sino porque el exministro no era el tipo con el que me apeteciera cerrar un bar. Vamos que no era un cascabel, o al menos a mi no me lo parecía. Y aún así me acuerdo de él. Sobre todo por una de esas frases que los periodistas guardamos en ese rincón perdido de la memoria del que en algún momento siempre acabamos echando mano.

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